Opinión: ¿Para qué sirven las discográficas y las gestoras colectivas?
Por Federico Heinz, para Fundación Vía Libre
Cuando las gestoras colectivas de derecho de autor y las discográficas alertan que la copia digital amenaza a la música, están apostando a confundirnos. La industria discográfica como la conocemos (y otras asociadas) están en problemas, sí. Pero la música y la industria discográfica son cosas muy distintas, y en entornos digitales la música bien puede florecer y difundirse sin necesidad de la industria.
*Industrias que vienen, industrias que van*
Mi padre me cuenta que, cuando él era chico, la heladera de la casa era a hielo. Esencialmente, era un armario recubierto de aislamiento térmico, en el que guardaban los alimentos. Producir hielo era una actividad industrial, que sólo se podía encarar utilizando equipos pesados, fuera del poder adquisitivo de los particulares. Así, todos los días venía un señor con una barra de hielo al hombro que se metía en la heladera, en una escena que se repetía en miles de hogares.
Todo el mundo compraba hielo, todos los días. Pero en realidad, no era hielo lo que necesitaban, sino frío. El hielo era sólo un vehículo para entregar frío a los clientes que lo necesitaban. Cuando aparecieron en el mercado primero las heladeras a kerosén, y luego las eléctricas, las familias se encontraron con que podían adquirir una máquina que les
proveía del frío que necesitaban de forma confiable, cómoda y barata.
Estos aparatos no sólo no necesitaban hielo para funcionar, sino que incluso estaban en condiciones de producir su propio hielo.
A nadie sorprendió que las ventas de hielo, antes un producto de primera necesidad, cayeran estrepitosamente. La industria del hielo colapsó, y sólo sobrevivieron unas pocas productoras de que se dedican a satisfacer
necesidades especiales, en particular provisión de hielo en cantidad o calidad distinta de la que puede producir una heladera doméstica.
Sin ambargo, aún en medio del colapso, a nadie se le ocurrió la absurda idea de imponer un gravámen a las heladeras domésticas para compensar a la industria del hielo por las ventas perdidas. La industria del hielo había cumplido su ciclo, su mercado había desaparecido. Había provisto un servicio útil a la sociedad, y en ese proceso había servido como fuente de sustento a muchas personas. Pero el servicio ya no agregaba suficiente valor en el nuevo contexto tecnológico, y los proveedores de hielo reconvirtieron su negocio, o se dedicaron a otra cosa.
*Industrias que no se quieren ir*
El paralelo con la industria discográfica no es difícil de trazar. De la misma manera que la gente no quería realmente hielo, sino frío, no es discos lo que el público quiere, sino música. Mientras el único soporte práctico para la música fue el disco (permítaseme la generalización de llamar “disco” a todos los soportes físicos de sonido, desde los
tambores de Edison a los CDs), no había manera de conseguir música si no era en un disco. Pero las computadoras, los reproductores digitales y, muy especialmente, Internet, cambiaron el paisaje tecnológico, desacoplando a la música de su soporte.
Hoy, que la música puede codificarse y transmitirse fácilmente sin necesidad de un medio físico, ya nadie quiere comprar discos y por muy buenas razones: son incómodos de adquirir y almacenar, a veces se agotan, ocupan espacio, se rayan, se pierden, te los roban, necesitás un aparato especial y frágil para leerlos… El formato digital es mucho más eficaz, cómodo y barato. Tal como la heladera puso a quienes antes compraban hielo en condición de producirlo, la computadora pone en manos de los particulares la posibilidad de producir su propia música, duplicarla, distribuirla.
Igual que con la del hielo, nadie debe sorprenderse de que le empiece a ir mal a una industria que produce algo que nadie quiere comprar. Sin embargo, a diferencia de la industria del hielo, las discográficas se niegan a aceptar que su función social expiró, que lo que antes era un servicio útil hoy no es más que una carga para la sociedad. En vez de
reconvertir su negocio, en vez de buscar de qué manera ofrecer su producto de modo que la gente quiera comprarlo, prefieren hacer lobby ante los legisladores para forzar a los consumidores a entregarles su dinero, independientemente de si quieren hacerlo o no.
*Mal acostumbrados*
El dicho popular asevera que la culpa no es del chancho, sino del que le da de comer, y es aplicable a este caso. La codicia de la industria discográfica fue alimentada durante décadas mediante leyes que la hacían acreedora (a través de organismos como SADAIC, AADI, CAPIF, ARGENTORES) de cualquier actividad cultural en la que se usara música,
independientemente de si la música era de autores o intérpretes que formaban parte de la industria o no. Cuando uno está acostumbrado a sacar tajada de lo que hacen otros, no es raro que quiera extender el campo del que la saca. La propuesta de dar a las gestoras colectivas el derecho a recaudar un “canon digital” no es otra cosa que un intento de
apropiarse de una tajada del negocio de las computadoras, elevando arbitrariamente los costos para todo el mundo (particulares, empresas, hospitales, escuelas, universidades, bibliotecas, artistas, administración pública) a exclusivo beneficio de un sector industrial
Es hora de repensar el modelo de distribución cultural. Mientras la producción industrial de libros y discos era la única alternativa viable, el sistema actual puede haber tenido su justificación aunque también sus serios problemas. El más grave de ellos no es siquiera el enriquecimiento desmedido de algunas personas, sino el control corporativo acerca de cuáles expresiones culturales se difunden, y cuáles no. Un mercado de la música con bajos costos de producción y sin corporaciones puede resolver estos inconvenientes, permitiendo el surgimiento de una cultura más diversa, en la que las expresiones locales tengan mejores chances de ser conocidas y difundidas, como muestra la experiencia del Tecnobrega en el nordeste brasileño.
Durante siglos, hemos delegada la difusión de la cultura a las corporaciones, porque no teníamos más remedio. Hoy podemos elegir, y es hora de que recuperemos la cultura para toda la sociedad.
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14. February, 2009 at 16:59
El análisis y el paralelo con la industria del hielo me resultaron realmente informativos y pude ver otra perspectiva más acerca del tema. Espero que tengamos éxito repudiando esta medida que me resulta tan injusta a los consumidores y un simple capricho de parte de un fósil que se resulta a volverse extinto.
14. February, 2009 at 23:57
Muy bueno el artículo. Realmente lamentable la actitud de nuestros “representrantes” en esta materia (o en prácticamente cualquier otra, para ser sinceros). Igual de lamentable es la actitud de la anacrónica industria discográfica, que ni siquiera tiene la decencia de morir en paz.
16. February, 2009 at 11:01
muy bueno el articulo, mientras leia, no pude dejar de pensar que en la epoca que se les acabo el curro a los fabricantes de hielo, no eran mega corporaciones, como lo son las discograficas ahora.
Creo que esta esa pequeña diferencia, por que como mega corporacion, aporta fondos a los candidatos, en fin, pueden comprar leyes.
17. February, 2009 at 18:46
Excelente articulo! No creo que en Venezuela se vaya a aprobar esa barbaridad, saludos…
17. February, 2009 at 20:07
Corrección: SADAIC no derivan ni un mango a las discográficas. Sí a las editoriales musicales (en Argentina, Warner Chapell y EMI Melograf principalmente) cuando éstas tienen contrato de representación de los autores (no todos los compositores pueden asociarse a SADAIC por no poder pasar el riguroso examen). ARGENTORES no tiene nada que ver con las discográficas, ya que representa a los autores de teatro, cine, radio y televisión.
Por cierto, ya que al autor se le olvidó, cito la fuente de la analogía con la industria del hielo: http://www.internautas.org/html/1309.html
19. February, 2009 at 12:31
Ellos jugaron con las reglas del capitalismo, ahora que las acepten. Si los cambios se los llevan puestos, afuera! Chau managers, chau gerentes, chau ejecutivos, chau ceo, chau todos.
Quedarán los artistas con las nuevas figuras de la “nueva indsutria cultural”, con nuevos roles.
Pero bueno, no debe ser fácil aceptar que ya fueron y están dando los úlitmos manotazos de ahogados.
19. February, 2009 at 12:38
Y por favor miran esta nota en Crítica digital:
http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=18860
Un extracto interesante:
Dr. Nelson Ávila, gerente del Departamento Legal de AADI: “Hoy la tecnología avanzó tanto que hay otros medios para desglosar la participación de los intérpretes en cada disco, entonces de todo el disco, se toma un tema. El resultado de este cambio es que si el intérprete estuvo en un tema que se pasó mucho, ahora cobra más, pero si no está en ese tema cobra cero.”
O sea cuando a al Asociación Argentina de Intérpretes le conviene para pagar menos, la tecnología sirve. :S
19. February, 2009 at 15:37
como resulto la petición de audiencia el martes? podrían informarnos algo al respecto? gracias
20. February, 2009 at 18:39
Esta batalla, quienes defiendan el canon ya la tienen perdida. Les guste o no, los cambios tecnológicos se impondrán. Acá se trata de defender el dinero que nos quieren sacar “desde el momento que apliquen el canon (si lo logran), hasta que caiga esa vieja industria por su propio peso”. Desde este punto de vista, hay que hacerle entender a los políticos que “deberán pagar un costo político” (ellos le tienen terror a eso, porque el costo es pérdida de votos !!). Estamos en año electoral, para asustarlos hay que dejar claro que somos muchos votos potenciales y que defenderemos nuestros intereses.
22. February, 2009 at 12:16
Me saco el sombrero ante Federico Heinz, por la manera en la que lo expresa, sinceramente.
Lo importante es que no nos olvidemos que no nos pasan por arriba si no los dejamos.
¿Alguien pensó en empezar una campaña de concientización?
Porque siendo cuatro gatos locos con un blog, por más razón que se tenga, no se puede llegar muy lejos, lamentablemente.
Pero bueno, me pareció escencial para la causa hacer algo así.
6. March, 2009 at 01:32
Hola!
Gracias por la información, soy músico y recién termino mi primer disco y la verdad, no sé qué hacer ahora para difundirlo un poco y quisiera, si no es molestia que me dieras un consejo, hago música sola, no tengo todavía banda, es música pop rock, con la compu, guitarra y voz, bueno, muchas gracias, otra vez
9. March, 2009 at 09:58
No al canon digital…!!!
Detective Canon: El futuro Nemesis de la Sociedad Digital… en
http://www.patodoc.com/detective-canon-el-futuro-nemesis-de-la-sociedad-digital/
Muy buen blog…
Saludos
19. May, 2009 at 23:51
Muy bueno y didáctico el artículo, pienso de la misma forma que vos, Federico. La industria podría reconvertirse y existir en paz con nosotros, si consideraran algo que ya deberían haberlo sabido: ni los artistas ni los usuarios los necesitamos. Hace 6 años que ya no compro un CD(original) porque ya no me da los beneficios que espero y son muy caros además. Como muchos me lo bajo todo de Internet, música, películas y libros, la ventaja de Internet es justamente ésa, conectividad libre (por ahora), poder almacenar lo que uno baja en distintos soportes (CD, DVD, Blu-Ray, PC, reproductor portátil y para los mas nostálgicos en cassettes, jeje), conectividad con distintos equipos, libertad de elgir lo que uno quiere escuchar o ver, o cómo quiere armarse su compilado, poder compartir con amigos sin tener que viajar, poder crear libremente, Internet es fantástico,los únicos que no lo entendieron todavía son las “entertainment”. Podrían reconvertirse volcándose a la fabricación de soportes físicos grabables o regrabables o sea, CD-R, DVD-+r, Blu-Ray, tarjetas de memoria, pendrives, o brindando servicios al artista, o bien fabricando los euipos que los graban o leen; eeepa, eso me parece que ya lo hace cierta multinacional japonesa de la electrónica que tiene estudios de cine y sellos discográficos, e irónicamente fabrica los aparatos que después la gente usa para “piratear” sus obras.
Pero ante lo evidente, quieren que el Estado los proteja con leyes y resoluciones cercanas a una dictadura: gravámenes desmedidos a la importación de discos vírgenes, canon digital, y por si fuera poco, nuestro admirable Javier Delupí, gerente de Capif, está haciendo lobby al gobierno para que se implante en Argentina “Los Tres Avisos” ¿no me creen? miren esta noticia de Mendoza OnLine:
http://www.mdzol.com/mdz/nota/121360
Van de los tomates y están dando sus últimos manotazos de ahogado, lo malo es que con ellos nos van a jodernos a todos y con estas prácticas, lo único que harán es aumentar la tan mentada “brecha digital”. Es inconcebible que en pleno siglo XXI, todavía existan corporaciones dedicadas a vender como si estuviéramos a principios del siglo XX. Y los más increíble, que el Estado se someta a ellas ¿De verdad quieren estos tipos llegar a extremos como apagar Internet? No lo creo, pero la posibilidad asusta.